No hay domingo que valga sin un buen fuego, pero el verdadero asado argentino se termina de consagrar en la tabla con un condimento que es patrimonio nacional: el chimichurri. Esta salsa, que es la compañera inseparable de la tira de asado, el vacío y, por supuesto, el alma del choripán, no tiene rival cuando se trata de realzar el sabor de nuestras carnes. Si bien la salsa criolla siempre está ahí dando pelea, el “chimi” aporta esa intensidad única gracias a la mezcla de perejil, ajo, aceite y vinagre.
Lo mejor de todo es que prepararlo en casa te lleva diez o quince minutos, nada más. Y tiene una ventaja enorme frente a los industriales: vos manejás el picante. Si te gusta que “pique” un poco más, le mandás más ají molido; si preferís algo más suave, le bajás la intensidad. La clave está en respetar el equilibrio para que el aceite no se ponga rancio y el aroma se mantenga fresco, como recién hecho.
Los ingredientes para un chimi tradicional
Para armar un frasco generoso y tener siempre a mano, vas a necesitar un buen puñado de perejil fresco (unos 50 gramos), un vaso de vinagre de vino y cinco vasos de aceite de oliva virgen (aunque si preferís algo más neutro, el de girasol va como piña). Sumale cinco dientes de ajo bien picaditos, una cucharada de orégano, otra de pimentón dulce, pimienta negra, sal a gusto y el toque de picante con una cucharada de ají molido. Ah, y no te olvides del jugo de un limón para darle esa acidez justa.
La preparación es sencilla: picás bien fino el perejil y el ajo, los mandás a un bol profundo y agregás todas las especias. Después va el jugo de limón (ojo con las semillas), mezclás bien para que todo se hidrate y finalmente incorporás el aceite y el vinagre. Lo ideal es guardarlo en un frasco de vidrio. Si el día está fresco, queda bien afuera, pero si hace calor, directo a la heladera para que dure más tiempo. Y un dato: si el ají molido te resulta muy fuerte, podés sacarlo o cambiar el perejil por cilantro si querés experimentar, aunque ahí ya nos estaríamos alejando del clásico de acá.
Más allá de la parrilla: el poder nutritivo de los garbanzos
Pero no todo en la vida es carne. En una alimentación equilibrada, las legumbres se ganaron un lugar fijo en la alacena, y los garbanzos son, por lejos, los favoritos. Son baratos, duran un montón y te salvan cualquier comida, desde un hummus hasta un snack crocante al horno. Lo que los hace geniales no es solo su textura mantecosa, sino el combo nutricional que traen: apenas media taza de garbanzos cocidos te aporta 6 gramos de fibra (clave para la digestión y para no quedarse con hambre al rato) y 7 gramos de proteína vegetal.
Además, son una fuente excelente de hierro y folato, fundamentales para que no te falte energía durante el día, ya sea que estés en la oficina o por ir al gimnasio. Su firmeza es una ventaja enorme frente a otros porotos, porque se bancan bien los aderezos y las salsas sin hacerse puré.
Ideas prácticas para sumar legumbres a tu semana
Si no tenés ganas de complicarte mucho en la cocina, los garbanzos son tus mejores aliados. Para los que buscan algo rápido, un wrap de hummus y vegetales es la solución. Usás tortillas de trigo integral, untás un poco de hummus, le tirás espinaca, pimientos asados, queso feta, unas aceitunas kalamata y, obvio, un buen puñado de garbanzos. Un chorrito de oliva y vinagre, lo enrollás y ya tenés un almuerzo espectacular.
Otra opción para los que odian lavar platos es el salteado a la chapa o al horno. Ponés en una placa garbanzos (bien escurridos), brócoli y coliflor con aceite de oliva, sal y pimienta. Al horno fuerte por 20 minutos hasta que estén crocantes y los servís sobre un colchón de arroz con tu salsa favorita.
Y si te sobran garbanzos y tenés ganas de algo con onda, los tacos de garbanzo son un viaje de ida. Salteás los garbanzos en una sartén con aceite de oliva, sal y chile en polvo, le agregás kale picado hasta que se ablande y terminás con un toque de jugo de lima. Eso lo metés en tortillas de maíz con palta, tomate y cebolla picadita. Es una forma distinta de comer algo nutritivo sin caer siempre en lo mismo.