La vida en la cárcel de Batán durante la huelga de hambre

Tras cumplirse el segundo día de huelga de hambre, los 860 presos de la Unidad Penal N°15 de Batán mantienen el reclamo propio y en solidaridad con otras cárceles.


En el complejo de Batán hay tres unidades penales, y de esas tres solo en una, en la UP15, los presos están en huelga de hambre. No son todo, tal vez un poco más de la mitad de la población total, pero con ellos es suficiente para impulsar un reclamo que se orienta más a cuestiones de fondo, judiciales o legislativas, que a la coyuntura.

Cada mañana los más de 800 presos que se solidarizaron con otras unidades de la provincia de Buenos Aires y se niegan a ingerir alimentos son controlados por los agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense. Lo primero sobre lo que se deja constancia es el peso de cada uno de ellos. Como una medida preventiva para evitar, en caso de sostenerse en el tiempo la huelga, problemas de salud irreversibles, el personal penitenciario realiza una inspección a cada uno de los reclusos.

De acuerdo al último recuento son 860 presos en huelga de un total de 1.368 y son 9 pabellones los que se plegaron para visibilizar algunas demandas de una manera que, en tiempos de cambios políticos, es como si se activara el botón de una ensordecedora alarma.

El domingo pasado algunos internos de los pabellones 13, 15 y 16 iniciaron la medida de fuerza en solidaridad con otras unidades penales bonaerenses, en especial la Unidad N°6 de Dolores y la 21 de Campana. Luego un mensaje de la Coordinadora de Familiares de Detenidos ratificó los reclamos: mayor cantidad de morigeración de penas, replanteo del sistema de cómputo de 2×1, modificación del régimen de prisiones preventivas y oposición al nuevo Código Procesal Penal.

presos

Dos situaciones problemáticas propias de todos los penales bonaerenses, la superpoblación y la calidad alimentaria, resultan ser reproches complementarios.

En Batán durante el mes de noviembre hubo inconvenientes en la provisión de carne vacuna y de pollo, por lo cual muchos de los internos agregaron a sus reclamos está situación, aún cuando las autoridades del Servicio Penitenciario Bonaerense ya habían anunciado que se trataba de un tema solucionado.

Respecto al hacinamiento, o superpoblación, el pedido de un mejoramiento al respecto se incluye en los puntos de la “morigeración” y “prisiones preventivas”. A más morigeraciones (arresto domiciliario, por ejemplo) más plazas liberadas en los penales.

El día a día

La medida de fuerza se lleva adelante en forma pacífica, ya que existe una comunicación entre defensores, fiscales, jueces, organismos de derechos humanos, organizacones de familiares y los propios internos para que sea así.

En Batán existe un protocolo administrativo que obliga al Servicio Penitenciario a restringir las actividades laborales, deportivas y educativas con los privados de libertad que no se alimentan. En relación a la visita, aquellos que llegan para ver a los huelguistas pueden ingresar pero sin alimentos.

Estos tres días transcurridos desde que se inició al huelga de hambre mantuvieron su rutina para la provisión de alimentos. Por la mañana los encargados de pabellones reciben del Servicio Penitenciario, té, yerba y azúcar que los propios internos administran.

Quienes decidieron adherirse a la huelga de hambre no rechazan esos alimentos pero sí el reparto del almuerzo y la cena, el que llega a cada uno de los pabellones por medio de un carro.

La situación en las cárceles bonaerenses está alejada de lo óptima que debe ser, con déficit estructurales en instalaciones, alimentación, sistema de castigo, programas de inclusión, limpieza, cantidad admitida de internos y otros varios ítems.

Desde la Jefatura del Servicio Penitenciario Bonaerense aseguran que en Batán está funcionando la prueba piloto para eliminar el área de castigo. Sin embargo, eso, que puede llegar a ser un cambio de paradigma, no alcanza para mejorar las condiciones generales.