Papelón histórico: Boca empató con los amateurs de Auckland City y se despidió del Mundial de Clubes

Lo que debía ser un trámite terminó en una pesadilla difícil de digerir. En una tarde para el olvido en el Geodis Park de Nashville, Boca Juniors selló su eliminación del Mundial de Clubes 2025 tras igualar 1-1 frente al Auckland City. El conjunto de la Ribera, que venía de dejar una imagen aceptable ante potencias como el Benfica y el Bayern Múnich, no pudo con el equipo neozelandés, un rival semiprofesional que le terminó dando el golpe de gracia.

Un dominio estéril y la sombra de la tormenta

El Xeneize arrancó con el pie derecho gracias a la fortuna: un gol en contra de Nathan Garrow ponía en ventaja a los dirigidos por Miguel Ángel Russo, que hasta ese momento controlaban el ritmo del encuentro. Sin embargo, el destino le tenía preparada una mala pasada a Boca. El partido sufrió una demora por amenaza de tormenta eléctrica, un bache temporal que, según el propio entrenador, terminó sacando de foco a sus jugadores. “Hasta el gol de ellos, era todo nuestro”, se lamentó Russo después del pitazo final, admitiendo que el parate y el hecho de conocer el resultado del Bayern contra el Benfica afectaron el rendimiento del equipo.

La sorpresa mayor llegó de la mano de Christian Gray. El autor del empate del Auckland City no es una estrella internacional, sino un docente que divide sus horas entre las aulas de un colegio y las canchas de fútbol. Ese gol fue un baldazo de agua fría del que Boca jamás se pudo recuperar. Pese a que el segundo tiempo fue un monólogo de centros y tiros de esquina —con Kevin Zenón y Malcom Braida intentando abastecer el área de manera casi desesperada—, la claridad brilló por su ausencia.

Autocrítica y un cierre de grupo doloroso

Edinson Cavani, uno de los referentes que dio la cara tras la eliminación, reconoció que el equipo nunca encontró la vuelta al cerrojo defensivo de los neozelandeses. Según el uruguayo, la incapacidad para ampliar la ventaja en el primer tiempo fue la clave del fracaso. El marcador no se movió más y Boca terminó último en el Grupo C con apenas dos unidades, muy lejos de los siete puntos del líder Benfica y los seis del Bayern Múnich. El Auckland City, por su parte, se despidió con el orgullo de haberle robado un punto a un gigante del continente americano.

El horizonte de la Libertadores: más de 15.000 kilómetros por delante

Sin tiempo para lamentos prolongados, el mundo Boca ya debe poner la cabeza en la Copa Libertadores 2026. El sorteo determinó que el Xeneize encabezará el Grupo D, una zona que asoma complicada no solo por el nivel de los rivales —Cruzeiro, Universidad Católica y Barcelona de Guayaquil— sino por el desgaste físico que implicará la logística de los viajes.

El cronograma de visitante será una verdadera prueba de fuego para el plantel. El viaje más corto será a Santiago de Chile para enfrentar a la Católica, un trayecto de poco más de 1.100 kilómetros que no debería suponer un gran problema. Sin embargo, la historia cambia cuando toque viajar a Belo Horizonte para medirse con Cruzeiro en el Mineirão, y se vuelve crítica con la travesía a Guayaquil. El duelo frente a Barcelona SC en el Monumental implica un vuelo de más de seis horas para cubrir los 4.255 kilómetros de ida.

En total, Boca deberá recorrer más de 15.000 kilómetros entre ida y vuelta para cumplir con sus compromisos internacionales de la fase de grupos. Tras el fracaso en Estados Unidos, la gestión de las cargas y la rotación del equipo serán fundamentales para que el sueño de la séptima no se vea truncado por el cansancio o la falta de recambio.