Caso Barboni: uno de los jóvenes abusados rompió el silencio

A 10 años de haber sufridos reiterados abusos P.J contó detalles de las situaciones vividas: «Es un infierno del que cuesta salir», dijo.

Abusos sexuales y corrupción de menores (Fuente – La Capital).

Carlos Barboni permanece detenido desde fines de octubre acusado de abuso sexual, tentativa de abuso sexual y corrupción de menores.

El ex profesor de 72 años recibió hace pocas semanas el beneficio de la prisión domiciliaria luego de que la Cámara de Apelaciones de Mar del Plata, a través de su sala N° 3 fallara a su favor.

En este marco y ante un caso que ha sido reflejado por los medios nacionales de mayor tirada, el periodista Fernando de Rio tuvo la posibilidad de acceder al testimonio de una de las víctimas de Barboni.

En la edición de este jueves 10 de mayo, el diario La Capital de Mar del Plata publica una entrevista reveladora con un joven de 23 años quien, según refleja el medio, no puso ninguna condición salvo la reserva de su identidad.

“Me parece muy importante que se sepan la mayor cantidad de historias posibles y que las víctimas se animen a denunciar. Van a encontrar apoyo del lado de la Justicia. Contar este tipo de situaciones, que son momentos que te destrozaron emocionalmente, te saca un peso de dentro que no tiene descripción. Es una liberación que ayuda mucho a reconstruirse a uno mismo”, dice P.J en un café de la diagonal Pueyrredon de Mar del Plata, donde vive y trabaja desde hace ya algún tiempo.

-Pasaron casi 10 años de cuando sucedió esto que denunciás, que Barboni abusó de vos, te engañó por medio de un juego y luego de doblegarte psicológicamente te mantuvo atrapado. ¿Cuál fue la circunstancia que te impidió evitarlo?

-Es la atracción a lo desconocido, el sentido de aventura. Descubrir qué hay después sin saber que uno está cayendo a un lugar que es muy peligroso. Es un juego en el que te seduce lo extraño, lo desconocido. Busca cada vez conocer más qué hay detrás hasta que te terminás encontrando con todo lo contrario.

-Consta en la causa que, al igual que en el último caso, te daba dinero más como cebo que como recompensa, ¿verdad?

-Es que… yo no tenía ni tengo necesidades económicas. Cuando a mí me pasó esto, el dinero fue un atractivo más dentro el juego que yo creía que estaba jugando. Era un pibe inocente, de 14 años, que no sabía dónde se metía. También jugó a favor del engaño la confianza, porque nunca pensé que iba a llegar tan lejos cuando vi que era Barboni, que era parte de mi propia familia por su amistad con mis abuelos. Imagino que hoy mismo puede estar pasándole a muchos chicos, porque estos tipos se fijan no sólo en la inocencia sino también en poder explotar la curiosidad y cierta dificultad de las víctimas para relacionarse con las personas. Por eso el concepto de acercarse como amigo. A mí me costaba mucho relacionarme y al día de hoy no lo puedo hacer con normalidad, tengo un grupo de amigos muy reducido.

-¿Qué sentís que dañó aquel engaño?

-Durante muchos años no fui feliz. Después de que me pasó esto me costó mucho volver a encontrar la felicidad, confiar en alguien. Una persona normal se divierte, confía, hace amigos, sale de joda, después de esto me recluí en mí mismo. No era una persona feliz, me costaba mucho hacer amigos, me quedaba escondido en mi habitación.

-En tu caso, a diferencia de otros que se investigan, había una proximidad casi familiar…

-Yo de muy chico iba a comer a su casa, él venía a lo de mis abuelos. Yo recuerdo situaciones de estar sentado en su regazo y hacer fuerza para que no me lleve la mano a su entrepierna. En su casa cuando era chico me quería mostrar videos pornográficos.

-¿Y tu familia no advertía nada extraño?

-Balcarce es un pueblo chico, infierno grande… Ellos tenían dos versiones, que se escuchaba por todos lados, que era homosexual, zarpado. Y la otra. Ellos aceptaron quedarse con la que ellos veían, el amigo que ayudaba, que se reunía los fines de semana, al que le abría las puertas de su casa. Fue difícil para ellos entenderlo ahora que se conoció todo. Entender que el mejor amigo del matrimonio violó a tu nieto. Están mal porque les pasó por delante.

-En tu declaración decís que tus encuentros con Barboni, en los que hubo situaciones sexuales, fueron varios. No fue uno solo. ¿Cómo te explicás a vos esa circunstancia?

-Cuando sucede es un infierno. Yo tenía 14 años y supongo que era muy vulnerable, especialmente desde lo psicológico. En esa época yo tenía una novia, me había peleado, pero tenía una novia. Ni antes ni después me sentí atraído por hombres. Mi sexualidad jamás estuvo en duda. Lo que sucede es muy difícil de explicar. No podes salir, te domina, no tenés poder de decisión hasta que la tenés. Pero después es todo tan vergonzoso y te reprochás tanto a vos mismo que te lo guardás.

-¿Había amenazas para que no lo revelaras?

-No era una coerción, estaba como hipnotizado, el secretito entre amigos, no le cuentes a nadie… Una vez me dijo que él ya había vivido su vida y que si yo contaba algo se mataba y listo, en cambio yo iba a cargar con esto siempre.

-¿Pensás como el fiscal que tu caso es uno de muchos?

-No tengo dudas. Yo lo que quiero con mi exposición es que todos los que fueron víctimas de Barboni se animen a hablar. Estamos hablando de muchos chicos que hoy son ya personas grandes, y durante muchos años. Yo sé que se te cruzan cosas por la cabeza. Contarlo libera. Tenés sentimientos feos, uno se siente avergonzado, recluido, por sobre todo triste, no confía en uno mismo. Te corrompe, pero confíen en la Justicia.

-¿Qué dirías a esa persona que hoy no quiere hablar?

-Flaco sacate la mochila, la carga. Animate, no vas a encontrar otra cosa que no sea apoyo, todo el mundo te va a apoyar. Hoy estoy queriendo contactar a varios que están ahí… Les puedo decir que soy su primer asesor, su primer receptor de la historia, y ofrezco la cuenta de mail [email protected]

-A Barboni lo volviste a ver en una audiencia hace unas semanas…

-En la audiencia, sí… fue un momento muy difícil. Durante algunos minutos me sentí intimidado pero yo elegí ir porque un día llegará el juicio y quiero estar preparado. No le dirigí la palabra pero él me insultaba con mímica. Yo no sé si el fiscal o su abogado se percató de esta situación. Sentí algo que no sé si fue satisfacción pero fue algo positivo, a favor, verlo ahí.

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