Carta de lector: «Agrotóxicos en Balcarce, un tema urgente de salud pública»

12/05/2023

Los agrotóxicos (llamados fitosanitarios por el tecnicismo académico) son venenos utilizados para eliminar distintas plagas en la agricultura. Pero estos productos químicos tienen un gran impacto en la salud de las poblaciones aun así con sus Buenas Prácticas Agrícolas. Por ejemplo, los herbicidas de mayor uso en Argentina son glifosato, 2,4D y atrazina. Y el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) clasificó al glifosato como probablemente carcinogénico y al 2,4D como posiblemente carcinogénico para humanos. Mientras que la atrazina es un conocido disruptor endócrino y ha sido prohibido en varios países del mundo.

Existen diferentes problemas de salud asociados a la exposición crónica con los agrotóxicos. Y aunque vivamos en las ciudades, lejos de la producción agropecuaria, nos exponemos cotidianamente a pequeñas concentraciones a través del tiempo. Pero, ¿cómo logramos, nosotros, la población, entrar en contacto con estos venenos? Principalmente, de tres formas: por deriva, por los alimentos y por el agua.

En una entrevista que me concedió la Ing. Agrónoma Virginia Aparicio (INTA – CONICET), me contó cómo se da este proceso: “La deriva en las aplicaciones agropecuarias es aquella parte de los plaguicidas que, en vez de impactar en la plaga, alcanza otros destinos en el ambiente como el suelo, el agua, el aire u otros organismos vivos. La deriva primaria ocurre en el momento de la pulverización, la deriva secundaria se genera en las horas siguientes a la aplicación y la deriva terciaria puede producirse semanas, meses o hasta años después de la aplicación.

Los alimentos y el agua que consumimos pueden contener plaguicidas. Durante una aplicación, los plaguicidas llegan al suelo y allí ocurren varios procesos importantes que hemos estudiado, como el transporte de moléculas hacia el acuífero donde bombeamos el agua para nuestro consumo, y otros procesos que se han estudiado en otras partes del mundo, como la adsorción radicular.

Los plaguicidas presentes en el suelo pueden ingresar a las plantas y se distribuyen en los órganos de cosecha, ya sean granos, frutos, verduras, etc, que luego usamos para alimentarnos o alimentar a nuestros animales.”

En cuanto a la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) publicó la guía “Efecto de los Agrotóxicos en la Salud Infantil”, con el objetivo de concientizar a los trabajadores de la salud infantil y proveer información a la comunidad médica para abordar las enfermedades asociadas a los 520 millones de litros de herbicidas, insecticidas y fungicidas que se utilizan en el país por año. El documento busca comenzar a revertir una deuda del Estado con la salud pública. Esta una problemática que no se puede omitir, se han encontrado plaguicidas hasta en la leche materna. Estos residuos, además de alterar la calidad nutricional de la leche, causan trastornos en la salud y el desarrollo de los bebés.

Distintos trabajos científicos han comprobado el aumento de cáncer y genotoxicidad en trabajadores rurales y poblaciones que viven cerca de campos rociados en diferentes países del mundo. Balcarce, en Argentina, no es la excepción a la regla.

Cuando se pone exclusivamente la rentabilidad de la producción y los intereses privados de un sector por encima de la vida, la salud y el bienestar de las sociedades, tenemos como resultado poblaciones enfermas y niños enfermos bajo un silencio estatal cómplice. Necesitamos urgente políticas públicas para abordar este problema sanitario. ¿Quién, con o sin conocimiento, bajo una reflexión lógica simple, puede creer que aplicar venenos en los alimentos no va a generar ningún tipo de consecuencia en la salud y el ambiente a mediano y/o a largo plazo? Como ya dije anteriormente, estamos expuestos todos los días a los agrotóxicos, es un envenenamiento cotidiano. Y como dijo el médico y profesor de la UNRosario, Damián Verzeñassi: “No puede haber cuerpos sanos en territorios enfermos.”

¿Se puede seguir creyendo, luego de tanta evidencia científica en el mundo, en los mitos de la inocuidad de los fitosanitarios? Los funcionarios públicos que deben tomar decisiones para preservar nuestra calidad de vida, nos demuestran que cuidar nuestra salud y el ambiente donde habitamos y nos desarrollamos, no es rentable para el Estado, ni siquiera es una prioridad social.  Toleramos de tal manera que produzcan enfermedades que lo convirtieron en una costumbre incuestionable. Y luego, esperamos ansiosos que el mercado farmacéutico elabore un medicamento que nos cure a un precio accesible. La salud de las comunidades, nuestra propia salud, está en manos de funcionarios que ignoran por conveniencia política y económica el impacto de los agrotóxicos en la salud de los humanos. ¿Y lo trágico? Es que lo piensan seguir ocultando.

Santiago Ortigosa, DNI: 34961423

Integrante del Foro Ambiental Balcarce

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