A 4 años y medio de ser atropellado por Lalo Ramos, Thiago “sigue luchando»

El pequeño de 9 años logra permanecer hasta 3 horas en la escuela, aunque su frágil estado neuronal le genera dolores diarios y cansancio. “A veces me dice que está cansado de esta vida”.

«“Mi hijo ha conseguido algunas mejoras, pero el día a día es difícil»

Pasaron 4 años y poco más de 7 meses que Thiago Joel Franco junto a su familia fueron embestidos por el Mercedes Benz de Eduardo “Lalo” Ramos. El juicio contra el excampeón de TC pasó con un sabor amargo para la familia del pequeño -ahora de 9 años- pero las huellas de ese brutal choque, que le provocaron daños neuronales irreversibles, lo acompañarán por el resto de su vida.

“Mi hijo ha conseguido algunas mejoras, pero el día a día es difícil. Me duele verlo sufrir: él ya tiene 9 años y es consciente de lo que le pasa. A veces me dice que no quiere tener esa vida que tiene”, dijo angustiada Rocío Dusek, mamá de Thiago, en diálogo con 0223.

El pequeño logró incorporar más tiempo a la escuela y permanece hasta tres horas cursando 2° grado- por el siniestro vial, perdió un año- pero con la ayuda de un equipo de profesionales y el amor de su madre, consigue ganar pequeñas batallas diarias. Aunque a veces los daños que sufrió su cerebro producto del choque, le recuerda a él y a su familia que no pueden “relajarse”.

“En agosto tuvo una recaída con una crisis epiléptica que le duró una semana, con alucinaciones y pérdida del conocimiento. Por suerte estábamos en el Instituto Fleni de Escobar y pudieron cuidarlo muy bien. Pero mi miedo es que sufra un cuadro de epilepsia refractaria y no tenga vuelta atrás”, admitió.

Los análisis que cada 6 meses le efectúan en el Fleni, determinaron que debía usar equipamiento neuro-ortopédico: una valva para sus pies y un chaleco spio, vitales para mantener su cuerpo erguido y otorgarle orientación, “información propioceptiva al cerebro”, cómo explicó su mamá.

“El día lo comenzamos a las 6.30: nos preparamos con la valva y el chaleco, le doy la medicación y va a la escuela. Pero toda esa rutina es desgastante y si bien tratamos de darle fuerza y garra y valorarle sus pequeños logros, él me dice que está cansado de esta vida. Que no quiere vivir más de esta manera. Y eso para una madre, es muy doloroso. Sólo pido a las personas que son creyentes, que sigan rezando por nosotros».